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Traficantes de sueños, un espacio de libre reproducción de conocimiento

Por Traficantes de sueños /

16 jun 2016

Traficantes de sueños es un colectivo que acciona a través de compartir conocimiento. Es una editorial sí, pero también es una librería y es un sitio web que ofrece a los lectores contenidos que ayudan a pensar la realidad desde diversos puntos de vista. Hace unos meses, dos de sus integrantes estuvieron en México participando en el Proyecto Ed III/ Encuentro de editores iberoamericanos. En ese marco conversamos con David Gámez acerca de los mecanismos de un colectivo que ha trabajado varias estrategias que han inspirado a comunidades de cultura libre.

Puedes leer la entrevista y escuhar la participación de los traficantes en la mesa titualda Antinaufragios que tuvo lugar en el Centro de Cultura Digital.                          

Mónica Nepote: Podemos hablar de Traficantes de Sueños como un disparador de reflexiones. Aunque no es propiamente un proyecto centrado en los usos tecnológicos, me parece un buen ejemplo de cómo servirse de éstos para atraer, por un lado, más lectores y por otro, divulgar y difundir cosas que son importantes en un contexto ligado a los movimientos sociales, los cuales echaron mano de las tecnopolíticas.

 

David Gámez: Es cierto que las tecnologías nos puede servir porque cuando empezamos con el proyecto de traficantes lo hicimos pensando en cubrir necesidades en nuestra militancia política; veíamos que necesitábamos espacios de encuentro y reflexión no partidarios y materiales para pensar la realidad en un momento complicado. Eran mediados de los noventa y había un impasse. Empezamos con las librerías y un espacio,  en ese momento no nos atrevimos a producir libros, pero lo que hicimos fue traer lo que ya estaba producido y lo pusimos en circulación como pudimos: el cara a cara o lecturas colectivas.

Pasados los dos mil empezamos a pensar en un plan editorial. Habíamos estado probando con alguna publicación periódica que nos sirvió para acceder, para hacer los primeros pinitos en la edición, y para acceder a algunos lugares de expresión de pensamiento que nos parecían interesantes. Ya de ahí dijimos: ¡venga, vamos a entrarle! En esas primeras publicaciones empezamos a involucrarnos en contexto con el tema de la cultura libre; en aquel momento aparecían los primeros hacklabs,y esto es importante porque la manera de enfrentar la tecnología fue un primer acercamiento, esta democratización del acceso y este rollo de que tu puedes programar, cualquiera puede programar, cualquiera puede aprender a manejar herramientas que más allá de su bondad o no, te es útil para hacer cosas.

Entonces, cuando empezamos el plan editorial, aparte de la configuración de los contenidos, para el segundo libro ya teníamos a los hackers y a las hackers encima diciéndonos: “no, no, tenéis que trabajar con licencias libres y lo tenéis que hacer así, y tenéis que ponerlo en pdf en abierto. Y lo tenéis que hacer así porque al poner el código en el internet, el acceso al código va a permitir que la gente se apropie de él, le de vueltas y lo haga más productivo”. Estamos hablando de hace doce años, hacer esa traslación tan casera que va de  programar software a para un libro a hacer un contenido que es cerrado, empaquetado, definitivo, pues era un poco loco. Pero lo decidimos y nos ha salido bien en tanto que el entorno de la cultura libre nos acogió, nos apoyó difundiendo los textos, ayudándonos en cuestiones de dispositivos, de cómo hacer mejor lo que hacíamos, y en otro sentido, en ser más concretos al proponernos trabajos o en momentos de traducción colectiva.

Es curioso, nos encontramos con los Hacklabs  porque empezaron a habitar los centros ocupados, que eran espacios en los que  nosotros estábamos. Fue un encuentro en los centros sociales de gente que ya estaba desde antes y gente que venía desde otro lado, fue un momento de una creatividad interesante. Obviamente, ¿qué produce este tipo de circulación? produce por un lado una pérdida de control. Nosotros no sabemos hasta qué punto ni dónde se están replicando nuestros descargables.

 

MN:En este sentido y ahondando, ¿por qué es importante para ustedes como editores esta pérdida de control?

 

DG: Es como meter el contenido en el caño y soltarlo al océano y a ver… Ocurrió lo mismo cuando hace cinco años empezamos con los talleres Nociones Comunes y empezamos a arrojar los contenidos en soundcloud. Haces una gestión muy distribuida del contenido. Sí, pierdes el control, pero por otro lado la ventaja que tenemos como Traficantes, es que tenemos ya años de proyecto con una cierta presencia en la esfera pública, en la esfera del activismo político y por tanto tenemos las redes en el sentido físico, para poder recoger lo que se vaya produciendo.

No sé qué hubiera ocurrido si no hubiéramos tenido estas redes iniciales, es decir, sin que nadie te conozca apenas. Hay que ver que esto ocurrió hace doce años y nuestra posición ahí fue casi pionera. Ahora me imagino que con toda la cantidad de información que hay en internet necesitamos de una catalogación y de unos mecanismos de posicionamiento muy fuertes, y eso o lo haces en torno a algo simbólico o cómo se encuentra el internet ahora mismo, por eso digo que ya se nos ha pasado un poco la época, pero recuerdo que hace seis, siete años nos invitaban a escuelas de negocios para intentar copiar el modelo de éxito de Traficantes de sueños.

 

MN:Esto que dices es interesante y contradictorio, porque al salirse de un esquema y generar un espacio alternativo, distinto y necesario, también implementaban otro modelo que se antojaba como una solución replicable para el mercado.

 

DG: Claro, pero además fue el momento del boom de las industrias creativas. Nos ponían la lupa cuando íbamos a esos espacios aclarábamos: No, Traficantesno se sostiene y no es un modelo de éxito, y por supuesto no es un prototipo para llevar a ningún lado, es decir, Traficantes no existe si no existe la comunidad. Tu no puedes llegar a esto y pensar que de esto puedes hacer un franquiciado. Volviendo al tema, claro la potencia de esa pérdida de control se ha demostrado enormemente para Traficantes de sueños, pero hay otra cuestión que es esta idea de intentar utilizar, y hago un breve paréntesis –cuando nosotros entendemos la producción de contenidos y dividimos el proyecto Traficantes de sueños en diferentes aspectos de la cadena del valor del libro, intentamos hacer política con cada una de ellas.

Con la distribuidora intentamos fortalecer redes políticas en torno a la circulación y al posicionamiento de determinados textos. Con nuestra distribuidora hemos pedido fondos en depósito para proyectos emergentes enormes o, por ejemplo, lo primero que hacemos como librería es prácticamente igualar el espacio social al espacio para presentaciones en cuanto a metros cuadrados para que el espacio de exposición-venta y el espacio de eventos sea gratuito, lo cedemos en parte porque hasta el 2015, no hemos tenido escaparate, nuestro escaparate ha sido ese espacio.

 

MN: Su propio espacio es un espacio alrededor  del cual gravitan no sólo una sino muchas comunidades. Traficantes de sueños es precisamente un espacio físico, un lugar de circulación. ¿Trabajan con sus propios contenidos y con contenidos de todas las propuestas de comunidades alternativas?

 

DG: Sí, en nuestra página web viene toda la programación de las actividades, nosotros recibimos propuestas y luego metemos algunas nuestras. Es curioso porque a veces queremos meter la nuestra y ya no tenemos espacios, hemos llegado ya a una saturación amplia. Así que tenemos que hacer reservas de espacio para los cursos de Nociones Comunes con meses de antelación. Lo cual da mucho qué pensar, el hecho de que en una ciudad donde supuestamente hay espacios sociales a disposición y un cierto prestigio cultural, todavía sea necesario ese tipo de lugares.

 

MN: Da para pensar qué explica el carácter de editorial también, porque como editor divulgas una serie de ideas para una construcción de política o de ideología alternativa o de una reflexión que contribuya a construir mecanismos para pensar la realidad.

 

DG: Sí, de hecho sí editamos libros que discuten entre ellos y autores que discuten entre sí. Aun así, lo que ocurre es que tu puedes saber muy claramente porqué estás haciendo las cosas, pero influye mucho el entorno, es el que te dice por dónde. Es como cuando pones el nombre de un proyecto, te puedes inventar el nombre más bonito del mundo y al final la gente acaba llamándote por el nombre de la calle, quiero decir que con tu selección de libros tu puedes pensar que es una sección súper abierta, súper interesante, heterodoxa.

      

MN: ¿Cómo toman las decisiones de qué publicar?

 

DG: Nos basamos en lista de correo de la gente con la que participamos en alguna reunión presencial que hacemos de cuando en cuando, producimos en el espacio, nos hablamos y entonces pues es con base en los intereses. Yo qué sé, por ejemplo ya que estoy aquí, estuvo una compañera en el encuentro de comunidades en Puebla, va y abres las orejas, pides materiales, discutes, hablas, seguro te vas a sacar algo. Leemos materiales,  intercambiamos, también pedimos referencias con otra gente y así un poco, luego hay otras que son propuestas de gente en quien confiamos o también hay algunas que son directamente elaboraciones nuestras.

 

MN: Yendo hacia el tema de la cultura libre y hablando de contenidos, hay un tema que sé que te apasiona; me parece interesante lo que contaste de cómo Traficantes fue acogido como proyecto los Hacklabs. Cómo nace, cómo se entreteje muy pronto en la naturaleza del proyecto, etc. ¿Pero cómo has visto la evolución de esa idea de Cultura Libre? ¿Qué tanto se quedó en utopía, qué tanto sí ha caminado, cómo se entiende Cultura Libre en el presente?

 

DG: El problema es que dentro de la Cultura Libre se empezaron varias líneas hacia el trabajo de reflexión en torno a  hacer de internet un espacio no intervenido, y creo que por ahí se empezó a construir esta idea de armar un lobby de presión que estuviera presente en todas las negociaciones. Esto lo vemos en iniciativas como la Free Software Foundation, Free Culture Forum y demás para intentar presionar en Bruselas. Por otro lado, se intentó reforzar la comunidad del software libre a través de la conformación de compañías cooperativas de desarrolladores, mantenedores de software, de redes, y eso no acabó de cuajar. Sería interesante hacer un pequeño estudio de reflexión sobre por qué ocurrió y cómo, poder rescatar algo de ahí en un momento dado.

Digo que estos dos puntos son importantes porque eran los lugares dónde se experimentaba más fuertemente, no sólo sobre el tema de licencias. Lo que consigue el software libre es que introduce la cultura libre en el código, lo introduce ahí, no hay que darle más vueltas. Nosotros lo intentamos hacer en la editorial con la licencia, pero no está tan inserta en el código, y sigue habiendo muchas discusiones, a veces no demasiado productivas, en torno a “creative commons, sí”, “creative commons, no”. Digo poco productivas porque, lo que hay que hacer es ir probando, ó sea pasemos a la práctica; si quieres empezar a desarrollar y a trabajar con otras licencias hazlo, ponte a trabajarlas. Es como este rollo hacker, si tu realmente quieres hacer una aplicación ponte a programar y haz que funcione, y como estamos dentro del mismo círculo, en el mismo ámbito de la cultura libre, miraré tus líneas de código y las usaré, el asunto es que esta esta discusión se da en abstracto muchas veces.

 

MN: ¿Dónde estaría esta parte central a desarrollar? Particularmente en este momento, con toda esta amenaza de la nueva generación de tratados y los nuevos controles. El espacio de la red como espacio de libertad que vivimos en los noventa, un espacio utópico donde se compartía conocimiento, esa idea se nos ha caído a pedazos.

 

DG: Sí y además el problema es que con todo el desbarajuste político y todas las amenazas reales y no reales, los acercamientos seguritarios casi van a superarse en cuanto a la potencia de fuego, a la influencia en internet y lo que podríamos llamar el ciberespacio. Van a superar los problemas del copyright, creo que lo que se nos ha avecina son momentos de gobernanza seguritaria muy fuerte y eso va a influir mucho en la neutralidad de la red. Prácticamente se está introduciendo una autocensura en el propio uso de la herramienta. Volviendo a lo anterior, es hablar de un momento un poco de impasse o de parálisis en el contorno de la cultura libre en el estado español, que es a su vez es uno de los lugares que más licencia con creative commons. Creo que lo que se ha visto es justamente un descenso en cuanto a la investigación a todas esas redes más activistas que tiraban adelante proyectos más experimentales de trabajo.

Tiene que ver también con lo que decía antes, con el momento de extinción de los proyectos de hackerspace, de los hacklabs. Cada vez el discurso neoliberal influye más en ese sector, y ese asunto del placer de programar en común creo que cada vez es menos, está menos presente y cada vez más lejos de procesos militantes o activistas.  Es muy curioso, porque digo esto y a la vez digo que en el 2011 parte de la coordinación del 15M no hubiera sido posible sin el efecto de unos cuantos hackers que estaban ahí. Lo digo ahora porque reconozco que su influencia es muy fuerte a la hora de tirar hacia delante líneas de innovación política, pero no sólo la herramienta, incluso la coordinación. Cuando estás trabajando asuntos de movilizaciones tan masivas, tan distribuidas, claro que el pensamiento hacker funciona muy bien ahí, porque siempre tienen ese código ahí inserto de pequeñas células separadas que se coordinan.

 

MN: Un pensamiento en red que activa estrategias que están más cercanas a la ciudadanía.

 

DG: Sí, es decir, que cuando hablamos a raíz del 15M, de la tecnopolítica y demás, me quedo con eso. No tengo un discurso optimista respecto al efecto que han tenido y demás, o las redes sociales y todo este rollo, aunque sí que es cierto que ese pensamiento de redes ha sido muy importante a la hora de la propia consolidación, implantación y potenciación de determinadas movilizaciones.

Volviendo a los derechos de autor, es muy curioso como, por ejemplo, en las campañas políticas, por lo menos en la última de Madrid, por parte de Ahora Madrid, se produce un vuelco cuando de repente un grupo de gente distribuida, anónima empieza a producir contenidos visuales, apoyando la candidatura de Ahora Madrid, y empezar a distribuirla sin copyright, de manera abierta, libre por las redes sociales, y

la compartición de los contenidos aumenta espectacularmente, mucho más allá de lo que habían producido las entrevistas en televisión. Digo esto, porque al final te das cuenta que cosas que parecen muy secundarias son fundamentales en momentos de cierta toma de decisiones en cierta crisis.

 

MN: Hablas de la distribución de la información de mano en mano, ¿pero qué sucede con otras producciones, por ejemplo las investigaciones académicas o teóricas?

 

DG: Si pensamos en la investigación y la producción del conocimiento –con el corsé del copyright–,  sabiendo dónde se están produciendo las legislaciones más fuertes del copyright y los intereses que están detrás, vemos que lo que esta regulación hace es conservar el status quo y evita que entren otros actores en juego, porque para entrar tienes que pasar por su reglas. Por eso el copyright es uno de los motivos de la concentración absoluta en producción científica, académica y demás en el primer mundo, sobre todo en países anglosajones. Y claro, podemos oponernos y decir no, pirateemos y saltémonos aquello o hacemos un hackeo y una ingeniería inversa fuerte, pero al final nos damos cuenta de que las universidades públicas en América Latina reproducen el mismo modelo de investigación y de meritocracia de la universidades anglosajonas, que toda producción de conocimientos se vuelve a reproducir bajo el mismo modelo, entonces parece que no hay forma, seguimos dependiendo de… y a espera de… que desde allí reconozcan nuestra brillantez y entonces pasemos a fuego aparte.

     

MN: Te voy a hacer una pregunta muy básica: ¿De qué nos perdemos con un esquema como el de copyright?

 

DG: De lo que nos perdemos básicamente –sin caer en este eslogan de “compartir es bueno”, “compartir da gusto”, que obviamente forma parte de un credo de la sociabilidad, la sociabilidad humana más básica– de esta idea de si algo me gusta, me gusta también para compartirlo, y más cuando son producto del conocimiento. Es raro que tengas una idea brillante y te la quedes para ti sola, la quieres contar, es como una buena broma si no la cuentas, muere. Creo que nos perdemos de eso, sobre todo en sociedades ricas como las que vivimos, ricas en cuanto a las capacidades de desarrollo que tiene la gente, la capacidad de sociabilidad, acceso a conocimiento, acceso a tecnologías y demás. Nos perdemos la capacidad de experimentación, por mucho que digamos “no, no, aquí da igual, aquí no te va a multar, aquí no hay nadie que te va a controlar”, pues no te controlan cuando lo haces tú con un amigo o dos en tu casa, pero cuando quieres hacer algo para transformar, por ejemplo, tu barrio o algo a una cierta escala, ahí vas a tener problemas, y en ese “ir a más” las legislaciones del copyright te la cortan, sobre todo en la producción de contenidos de conocimiento culturales.

 

MN: ¿Desde dónde podríamos empezar a tener una nueva educación o más bien, para usar el término de Ivan Illich, una desescolarización. Creo que más bien lo que necesitamos es desescolarizarnos, sobre todo con el tema del copyright.

 

DG: Claro, es que volvemos a lo de antes, ojalá hubieran muchos espacios de experimentación de cultura libre en nuestros entornos que permitieran no tener que recurrir a la cultura o a la educación regulada, pero es una responsabilidad muy fuerte del estado, el proteger su  patrimonio y la protección del patrimonio no es meter copyright restrictivo en la estructura, bajo mi punto de vista, es tener un buen acervo con un dominio público de libre acceso a toda la sociedad, porque al final eso es lo que permite una mejora de la investigación en el conocimiento, en la producción cultural. Entonces tendría que ser casi casi una especie de asignatura o clases formativas de qué hacer si te vas a dedicar a la investigación, a la producción de conocimiento; cómo hacer una buena gestión de ello y contrarrestar todo este discurso tan agresivo en torno a la figura del aprendizaje, del emprendedor, del hombre y la mujer hecha así misma; en torno a esa gran idea innovadora que la protege y la pone a funcionar porque es suya, es suya, es suya y de nadie más. Y que al final te das cuenta que eso no es así, no es una idea tuya, sino una idea que has construido en una sociedad.

      

 

Traficantes de sueños

Es un proyecto polifacético que se constituye a mediados de la década de los noventa, con el fin de servir de espacio de formación, reflexión y reunión para los movimientos sociales alternativos y antiautoritarios de Madrid. Desde la década de los 90, surgen colectivos en Madrid, comprometidos con temas como la ecología, el feminismo, el movimiento ocupa, el antimilitarismo, o la antiglobalización. En este contexto, aparece la necesidad de ofrecer un espacio estable, que proporcione formación, materiales para discusión y un lugar para el intercambio de ideas.