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De filosofía y videojuegos

Por Rita Santoyo /

31 mar 2015

En el cuarto libro de su Metafísica, Aristóteles afirma que es propio del filósofo poder especular sobre todas las cosas. Esta premisa fue formulada por uno de los más grandes pensadores de la historia, quien vivió en Grecia en una época en la cual los intelectuales se dedicaban a diversos campos y se interesaban por temas variados. Los filósofos griegos sabían tanto de biología como de política, de matemáticas y de historia, de música y de lógica. Los amantes de la sabiduría reconocían que la reflexión crítica podía abarcar todos los aspectos de la vida del ser humano en los cuales se manifestara su curiosidad y asombro por la realidad. Este carácter del filósofo que se interesa por todas las cosas parece especialmente importante ahora, para regresar la filosofía a la vida cotidiana del hombre y alejarla del lugar etéreo en el que parece encontrarse. Retomo las palabras de Aristóteles como guía y como inspiración para justificar la reflexión filosófica sobre cuestiones actuales que pareciera que no tienen nada que ver con la filosofía, como los videojuegos. ¿Pero se hace filosofía sobre videojuegos?

Pensemos un poco sobre esta nueva manera de jugar que ha cambiado y evolucionado por más de 40 años. Empezamos en el año de 1972 con el legendario Pong, el primer juego disponible para todo público en arcadia, que marcó el inicio de una moda de juegos de maquinitas que muchos de nosotros jugamos cuando éramos niños y adolescentes. La industria atravesó por muchas crisis e innovaciones a lo largo de los 80 y 90, para finalmente culminar con todo lo que tenemos ahora: consolas de última generación, motores gráficos potentes, narrativas cautivadoras. Títulos como Bioshock Infinite y The Last of Us han marcado a los jugadores no sólo por sus impresionantes y originales gráficas, sino por las historias tan complejas y fascinantes que nos ofrecen. Más allá de los asombrosos mundos virtuales que recrean (quien haya explorado la ciudad flotante de Columbia lo entenderá), son la narrativa y el diseño de ciertos personajes los que, a mi parecer, nos mueven como jugadores, ya que nos hacen reflexionar críticamente sobre nuestra realidad, e incluso pueden cuestionarnos nuestro lugar en el mundo y el impacto de nuestras acciones en las vidas de otros.

Los videojuegos tienen un potencial muy particular para inspirar reflexiones profundas y cuestionamientos existenciales porque somos nosotros mismos quienes tomamos decisiones y nos movemos en este mundo virtual, que responde a cada cosa que hacemos. Construimos una historia en conjunto con todos los encargados de diseñarla, ya que nosotros la hacemos realidad al jugarla. Los mundos virtuales nos ofrecen una experiencia interactiva de una manera más profunda que otros medios precisamente porque como jugadores somos nosotros mismos quienes realizan ciertas acciones que desocultan un relato, que es representado con la ayuda de distintos medios tecnológicos que nos ofrecen una experiencia altamente interactiva e inmersiva. Jesper Juul, un importante investigador de juegos de video, define esto con el concepto de transmedialidad, ya que los videojuegos combinan varios medios para enriquecer la experiencia lúdica del jugador: gráficas, sonidos, videos, animaciones, diálogos. Este carácter "transmedial" es lo que hace que Denis Dyack, reconocido diseñador de videojuegos, afirme que éstos señalan un profundo cambio en la conciencia cultural, por ser una síntesis de texto, imagen, sonido, video y participación activa por parte de la audiencia, resultando en una experiencia única por parte del jugador.

 

Imágenes: Computer Series, de Christian Born

Por estas características son los videojuegos fascinantes objetos de reflexión desde un punto de vista filosófico, por el alto grado de interacción e inmersión que experimentamos al jugarlos y, algo que me interesa mucho, las situaciones moralmente problemáticas a las cuales nos enfrentan. Yo empecé a tomar a los videojuegos como objeto de estudio cuando quería a entrar al programa de Posgrado en Filosofía en la UNAM. La convocatoria señalaba que los aspirantes a la maestría debían de presentar un proyecto de investigación sobre algún tema filosófico actual. Por esas fechas yo jugaba Fallout 3. Este videojuego me maravillaba por la historia tan compleja y fascinante que contaba. A medida que iba avanzando en las misiones, me daba cuenta de la extraordinaria manera en que el juego transmitía el sentimiento agobiante de vivir en un mundo devastado por la guerra nuclear, donde la gente se agrupa para sobrevivir como puede, y que tú puedes ayudar a la gente o preocuparte por tu propio beneficio sin tomar en cuenta a los demás.

Se me ocurrió que una reflexión seria sobre los videojuegos podría ser un buen tema de actualidad para armar un proyecto filosóficamente relevante. En ese tiempo no lo sabía, pero al buscar libros, artículos y autores, me di cuenta que era un campo muy amplio y muy explorado desde varias disciplinas. Descubrí, entonces, que podía conjuntar dos cosas que me apasionaban, y aportar algo distinto a la filosofía actual. Y así empecé un camino de investigación que culminó con una tesis sobre las implicaciones éticas de Fallout 3 con la que finalmente obtuve mi título de Maestra en Filosofía.

Para aquellos que no conozcan este grandioso juego, explicaré de manera breve (y sin spoilers) de qué se trata, y recomiendo ampliamente que lo jueguen en cuanto tengan oportunidad. Fallout 3 es un juego post-apocalíptico y retrofuturista diseñado por Bethesda Game Studios que salió a la venta a finales del 2008. Como el nombre lo indica, Fallout 3 es la tercera parte de la serie Fallout. La historia de este tercer título se sitúa en una sociedad devastada por un holocausto nuclear. El territorio estadounidense fue destruido con varias bombas atómicas. El personaje principal vive en los restos de la capital de Estados Unidos, Washington, y el área circundante, Maryland y Virginia. Toda esta región será conocida aquí con el nombre de Capital Wasteland, nombre que hace alusión a lo que antes de la guerra era la capital del país, y el término wasteland, que es una palabra que evoca desolación y destrucción. El jugador se enfrentará a un largo camino de búsqueda, de decisiones morales, de asumir consecuencias, de sacrificios y de mucha reflexión. Fallout 3 te invita a considerar cuidadosamente la manera en que haces las cosas: puedes trabajar con las comunidades para alcanzar el bien común, o puedes volverte la amenaza más temible de Capital Wasteland y aterrorizar a quien se cruce en tu camino.

Este título es tan sólo un ejemplo de cómo determinados videojuegos pueden ser analizados a profundidad para descubrir la riqueza de los discursos que difunden. Diversas universidades de Estados Unidos, Canadá y Dinamarca cuentan con centros de investigación dedicados a analizar videojuegos, en los cuales investigadores de varias disciplinas, como las ciencias de la computación, la antropología, la sociología, la literatura, el diseño, y, por supuesto, la filosofía, se reúnen a jugar y a investigar estas experiencias narrativas transmediales. Por supuesto, quienes hemos decidido dedicarnos a esta línea de investigación nos enfrentamos a muchos prejuicios y desconocimiento sobre el tema. Todavía hay personas que consideran que jugar videojuegos es una pérdida de tiempo, o que carecen de profundidad y sentido. Sin embargo, la discusión constante de este tema, en diversos medios y con distintos participantes, sin duda ayudará a que muchas dudas y recelos en torno al tema sean disipados. Yo quiero explorar por qué los videojuegos son relevantes para la filosofía, y reconozco que muchos juegos incorporan a sus narrativas elementos filosóficos de manera implícita, que pueden provocar que los jugadores vayan mucho más allá de la experiencia lúdica y que reflexionen sobre su propio ser, su lugar en el mundo y en el impacto de sus acciones. Sigamos jugando y filosofando, ya que la nueva generación de consolas promete traernos muchos títulos que seguirán esta tendencia: narrativas profundas que nos enfrenten con distintas cosmovisiones y nos hagan pensar en nuestro papel como habitantes de estos mundos virtuales.

Rita Santoyo

Maestra en Filosofía

Ha participado en varios coloquios y encuentros de filosofía, entre los cuales destacan su participación como ponente en el XVII Congreso Internacional de Filosofía en 2014 con un texto sobre las implicaciones éticas y políticas de las nuevas tecnologías. Actualmente es estudiante de doctorado en el Programa de Posgrado en Filosofía de la UNAM.