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Mariana Arteaga

Originaria de la Ciudad de México, Mariana Arteaga directora artística, coreógrafa, curadora y performer. Sus inquietudes como artista y curadora se orientan hacia la ampliación de las prácticas coreográficas, la danza desde su poder político y el cuerpo-archivo.

Como performer ha trabajado con coreógrafos como Xavier Le Roy, Andrea Chirinos, Tamara Cubas, Galia Eibenschutz y Érika Méndez –entre otros.                                                                                                                       

Su trabajo curatorial y artístico se ha expandido internacionalmente a países como Japón, Alemania, Estados Unidos, Brasil, Colombia e Indonesia, por nombrar algunos. Ha sido invitada como ponente al Performing Arts Meeting en Yokohama, Japón, el Festival Cena Contemporânea en Brasilia a los Encuentros del Cena y en la Tanzplattform de AlemaniaMariana es la primera latinoamericana en ganar la Visiting Fellows Program Grant otorgada por la prestigiosa Saison Foundation en la categoría Dirección artística-curaduría, para fomentar el intercambio, difusión y colaboración en danza contemporánea entre México y Japón.                                                                                                                         

En los últimos años su obra creativa ha explorado procesos coreográficos colectivos en el espacio público, destacando piezas como Úumbal: coreografía nómada para habitantes, un proyecto piloto de coreografía colectiva inspirado y creado a partir del baile de varios habitantes de la Ciudad de México, que surge  de la necesidad de ejercitar nuevas formas posibles de encontrarse con otros a través de la danza y del deseo de experimentar diferentes formas de andar, reconocer y reapropiarse colectivamente del espacio público; Maravatío: Partitura coreográfica para el cuidado encuentro y juego en colectivo, una reflexión sobre la política colectiva del afecto, desencadenada por el terremoto de 2017 en la ciudad de México;  y Cuerpo de Baile, un proyecto que trazó la memoria bailadora de los habitantes de Guadalajara, y a partir de las historias tejidas a partir del baile, se revelan memorias geográficas, históricas, políticas y contextos familiares e íntimos, donde la danza se reafirma como vínculo, liberación, resistencia y archivo vivo.                                                                                                                           

Su último proyecto Pequeñas Danzas para reforestar el mundo, experiencias corporales dirigido a mujeres cuidadoras para la escucha, exploración y reencuentro con su propio cuerpo, fue invitado para la 3era emisión del Foro internacional sobre creatividad, arte y cultura digital Connecting the Dots realizado a principios de diciembre del 2021.

Actualmente, insiste en seguir imaginando prácticas para estar juntos, aún en medio de pandemias.  

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El baile es un virus

“¡Fiesta colectiva, ya!”

Por Mariana Arteaga /

4 may 2022

“Neta, lo que yo necesito YA es una fiesta donde podamos perrear intensamente”. “Dejé de moverme durante la pandemia y ahora no reconozco mi propio cuerpo, lo tengo abandonadísimo, me siento desconectadx”. “A mí me dio ciática durante la pandemia y me salió una joroba de camello, dice el Dr. que es por estar tanto tiempo sentadx en la compu, que mi postura está del nabo”. “Qué bajón no haber podido tomar clases presenciales, no sólo por el baile, sino por la convivencia, la gente que he conocido que le apasiona bailar como a mí”.

 

Estas frases son parte de las conversaciones que surgen una y otra vez a nuestro alrededor entre amigxs, familia, compañerxs de trabajo o estudio.

Y no es que no hayamos bailado del todo, o que de plano estuviéramos estáticos cual freeze de pantalla, pero es cierto que durante la pandemia nuestro movimiento corporal y nuestros bailes para encontrarnos y gozarnos fueron distintos: tomar clases de danza vía zoom, ser parte de los challenges de TikTok, sacar el baile de tu coreógrafx favoritx vía YouTube, para luego grabarte y quizá compartir tu logro en Instagram, directo a tu cuenta de TikToko o en Whatsapp a tus amigxs más cercanos y familia. Ver, ser vistx, repetir. Tener esta sensación constante de formar parte de algo más grande y al mismo tiempo, sentir un aislamiento y desconexión desoladores. 

Bailamos con otrxs, sí, pero más, bailamos para otrxs: se implanta un diálogo a partir del ser vistxs y en esta conciencia, nuestro cuerpo pondera una autopercepción bidimensional. Así, nuestra tékne corporal ya de por sí mutando -el uso de pulgares y dedos índices para scrollear la pantalla, son un simple ejemplo- se ciñó aún más a la frontalidad del monitor, nuestro desplazamiento espacial al bailar perdió profundidad, y nuestra propia circulación, por mucho tiempo, se redujo a los paseos por la habitación, el departamento, la casa. Pero sobretodo, en nuestro aislamiento pandémico fue suspendida toda posibilidad de encontrarnos en bailes colectivos (en el antro, en la boda, en la plaza pública, en los XV años, etc.) que afianzaban nuestros vínculos, pertenencia y reconfiguraban nuestra vida sociopolítica.

 

 

Es en el ritual colectivo del baile, donde podemos desplegar afectos en común, donde nuestro temor a la vulnerabilidad se disloca, donde afianzamos que gozar es un derecho, donde el niñx de 5 años y su abuelo de 80 pertenecen a un mismo lugar y tiempo, donde ensayamos otras formas políticas de convivencia, de ocupar el espacio, de vivir el/la propix cuerpx.  Pero no podíamos encontrarnos y no hay nada que pudiera reemplazar esta forma de estar en el mundo juntxs. 

No se trata de que pensemos que un pasado fue mejor o que satanicemos nuestra vida de pandemia, nuestras formas de bailar durante este tiempo o nuestrxs cuerpxs que mutaron. Intentamos hacer todo lo que estuvo a nuestro alcance y generamos nuevas comunidades digitales, adquirimos otros conocimientos y reconocimos que estábamos dejando a un gran sector de la población atrás: las aplicaciones,  sus lógicas y su universo de sentido, pertenece a un sector generacional más específico, donde adultos a partir de los 50 años, no se sienten del todo pensados, visibilizados o incluidos en el universo virtual.

Hemos hablado ya, de nuestras formas de bailar en la pandemia, de las modificaciones de nuestrx cuerpx, de la vitalidad que nos da ese ritual colectivo de bailar juntxs, pero más allá de esto ¿qué estamos bailando hoy en día? ¿qué estilos se bailan en la CDMX? ¿Por qué nos son importantes?

Meses antes de la llegada de la pandemia, en un salón de baile cerca del metro Isabel la Católica, maestros enseñaban Salsa en uno, surgida en los ‘90’s, proveniente de Los Ángeles California; en un estudio de la zona rosa, una maestra mostraba principios del Voguing, estilo de baile originado en Harlem que empezó su auge en los ‘60’s; a un costado del Museo de la Tolerancia, en fin de semana adolescentes se reunían en pequeñas células a sacar las coreografías exactas de sus grupos preferidos de K-pop (Korean pop) surgido en los ‘90’s; mientras a ligeramente poca distancia, gente de varias edades sacudía la polilla atrás del metro Balderas bailando danzón; en la fiesta de la Virgen de la Merced, se sacaban a relucir los mejores pasos de cumbia sonidera; en las torres de satélite, un crew de hip hop de Atizapán grababa su nueva coreografía; en Ecatepec, estudios de baile impartían 2 veces a la semana twerking; en Cuajimalpa, un grupo de amigxs preparaban en el garaje de una futura quinceañera, un número de bachata.

Ya con el cine y la llegada del video accedimos a otros universos de baile que nos maravillaron e influenciaron, pero con la accesibilidad proporcionada por las redes sociales digitales, diversas apps, etc. el acceso a diversos estilos de baile se aceleró y multiplicó exponencialmente. Así, nuestrxs cuerpxs bailan hoy en día en un flujo constante entre nuestro “archivo” local bailador y un “archivo” global: mientras bailamos en la sala, el antro o la boda, nuestros movimientos reverberan los estilos de la cumbia sonidera, pero tambíén del reguetón de Puerto Rico, del dancehall de Jamaica o el Afrohouse de África, aunque no seamos conscientes de ello. El baile se comporta como un virus. Los virus saben más que nosotros sobre la inutilidad de delimitar géneros, edades y territorios.

En este flujo contínuo, no sólo aparecen los “pasos”, sino también los contextos que les dan forma, muchos de ellos surgidos como una forma de resistencia, protesta, y liberación de los poderes hegemónicos sobre el/la cuerpx y sus historias, pasos que manifiestan su derecho a tomar las calles, a cuestionar géneros, a explorar sin tapujos su sensualidad, a organizarse, a ser ellxs la referencia a, desde estas otras subjetividades, reorganizar nuestra vida política.

Sí, bailar es también pensar el mundo y transformarlo.

 

ENCONTRARNOS BAILANDO

Si hay algo que las situaciones de emergencia o crisis siempre han evidenciado, es  el poder de la organización comunal para proponer, resolver, contener, acompañar y que su fuerza viene de reconocernos intergeneracionalmente.

En la CDMX con el semáforo verde, la eliminación de la recomendación del uso de cubrebocas y el retorno a actividades presenciales, nos hace sentir que lo peor de la pandemia ha quedado atrás. De a poco intentamos rearmar el rompecabezas de lo que ha sido nuestra propia historia pandémica y reconfigurar en el hoy, nuestras formas de vivir el tiempo, nuestros afectos, disfrutes, el trabajo y estudio, los cuidados. En esta reconfiguración está también la relación con nuestrx cuerpx, el reencuentro con otrxs cuerpos y la recuperación de nuestrxs rituales colectivos que le dan sentido a nuestro presente.

Entonces los bailes colectivos presenciales resurgen como ese faro capaz de reunirnos a todxs: niñxs, adultos, personas de la 3era edad,  adolescentes, binarixs, no binarixs, desde el norte y sur, etc para que recuperemos nuestrx propio cuerpx, y nos encontremos con lxs cuerpxs de otrxs, para volver a vincularnos desde el sudor compartido, el calor de las personas bailando a nuestro alrededor, la reverberancia en el pecho del bajo de la música, el oído atento a la risa, al placer de sentir que aún en el disenso llegamos a acuerdos al bailar y cantar juntxs a coro “Me rehúso a darte un último beso, así es que ¡¡¡guárdalooooo!!!”.

Mariana Arteaga

Originaria de la Ciudad de México, Mariana Arteaga directora artística, coreógrafa, curadora y performer. Sus inquietudes como artista y curadora se orientan hacia la ampliación de las prácticas coreográficas, la danza desde su poder político y el cuerpo-archivo.

Como performer ha trabajado con coreógrafos como Xavier Le Roy, Andrea Chirinos, Tamara Cubas, Galia Eibenschutz y Érika Méndez –entre otros.                                                                                                                       

Su trabajo curatorial y artístico se ha expandido internacionalmente a países como Japón, Alemania, Estados Unidos, Brasil, Colombia e Indonesia, por nombrar algunos. Ha sido invitada como ponente al Performing Arts Meeting en Yokohama, Japón, el Festival Cena Contemporânea en Brasilia a los Encuentros del Cena y en la Tanzplattform de AlemaniaMariana es la primera latinoamericana en ganar la Visiting Fellows Program Grant otorgada por la prestigiosa Saison Foundation en la categoría Dirección artística-curaduría, para fomentar el intercambio, difusión y colaboración en danza contemporánea entre México y Japón.                                                                                                                         

En los últimos años su obra creativa ha explorado procesos coreográficos colectivos en el espacio público, destacando piezas como Úumbal: coreografía nómada para habitantes, un proyecto piloto de coreografía colectiva inspirado y creado a partir del baile de varios habitantes de la Ciudad de México, que surge  de la necesidad de ejercitar nuevas formas posibles de encontrarse con otros a través de la danza y del deseo de experimentar diferentes formas de andar, reconocer y reapropiarse colectivamente del espacio público; Maravatío: Partitura coreográfica para el cuidado encuentro y juego en colectivo, una reflexión sobre la política colectiva del afecto, desencadenada por el terremoto de 2017 en la ciudad de México;  y Cuerpo de Baile, un proyecto que trazó la memoria bailadora de los habitantes de Guadalajara, y a partir de las historias tejidas a partir del baile, se revelan memorias geográficas, históricas, políticas y contextos familiares e íntimos, donde la danza se reafirma como vínculo, liberación, resistencia y archivo vivo.                                                                                                                           

Su último proyecto Pequeñas Danzas para reforestar el mundo, experiencias corporales dirigido a mujeres cuidadoras para la escucha, exploración y reencuentro con su propio cuerpo, fue invitado para la 3era emisión del Foro internacional sobre creatividad, arte y cultura digital Connecting the Dots realizado a principios de diciembre del 2021.

Actualmente, insiste en seguir imaginando prácticas para estar juntos, aún en medio de pandemias.