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Estética contra lo estático: el movimiento como fuente de legibilidad

Por María Andrea Giovine /

24 sep 2015

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En el ámbito de las poéticas visuales, emplear la visualidad y la espacialidad en la literatura es ya una práctica común desde hace muchas décadas. Texto, imagen y espacio de inscripción han estado presentes en todos los momentos de la historia de la escritura. El movimiento, no obstante, por lo general no es algo que se asocie con la literatura. Sin embargo, poetas visuales y concretos lo ha llevaron a ese terreno y con ello generaron nuevas maneras de leer a través de la ruptura de la linealidad, la unidireccionalidad y la bidimensionalidad típicas de la hoja de papel del libro como soporte hegemónico de la escritura. Al desarticular gráficamente las palabras y al dislocar el discurso en la página, generando una lectura multidireccional, la poesía visual transformó la manera en que habíamos leído durante siglos en occidente, es decir, de izquierda a derecha y de arriba a abajo. El lector-perceptor de un poema visual literalmente se mueve por el texto y lo transita, lo recorre, lo navega con los ojos.

    Con la poesía visual comenzó a hablarse de direccionalidad en la lectura. Dirección implica movimiento. Y, a través de los distintos usos del espacio, la alternancia de tipografía y la inclusión de imágenes y formas, tanto en un plano bidimensional como tridimensional, los poemas visuales hicieron que el lector-perceptor estableciera nuevas relaciones gestuales con el texto. Los caligramas, por ejemplo, son composiciones complejas cuyo sentido se configura dependiendo de la dirección de lectura que se elija. El hecho de que no se lean de manera tradicional, es decir, una palabra después de otra siguiendo un orden de izquierda a derecha y de arriba a abajo y que el lector pueda “saltar” de un elemento a otro y reconfigurar el texto de varias maneras posibles es en sí una reflexión sobre el movimiento de lectura.

En muchos de sus poemas, el poeta y pintor estadounidense e.e. cummings experimentó con la tipografía, la disposición de las palabras en la página, el uso de las mayúsculas y la puntuación. En algunos de sus textos, la puntuación se emplea de manera totalmente inusual; por ejemplo, entre las letras de una misma palabra hay puntos, comas, guiones o paréntesis que pretenden conseguir efectos visuales y semánticos sorpresivos.

El ya emblemático poema “r-p-o-p-h-e-s-s-a-g-r” (“grasshopper”) es uno de los más conocidos y recordados de cummings porque, por un lado, muestra su especial uso de la puesta en página y, por otro, convierte en elemento central al movimiento, tema y recurso procedimental que desde entonces será cada vez más explorado en la literatura. Para que el lector pueda leer el poema, literalmente debe realizar saltos de lectura con el fin de ir uniendo las letras y lograr así configurar el sentido de las palabras a través de la acción. Con los movimientos de lectura, el lector no sólo lee acerca de un saltamontes, se convierte en uno.   

 

La lectura de este poema exige una recomposición de los elementos del texto que se encuentran intencionalmente dispersos por la página. La alternancia de mayúsculas y minúsculas, el particular uso de los signos de puntuación y la distribución espacial dibujan en la mente del lector-perceptor la imagen de un saltamontes. En el poema hay elementos verbales que se complementan con los visuales. Dentro de ese aparente caos visual, por ejemplo, además de la palabra “grasshopper”, escrita de cuatro maneras distintas, también es posible distinguir una alusión a “nosotros”, los observadores: “a)s w(e loo)k / up nowgath”, es decir, “as we look up now gathering into the leap as arriving to rearrangingly become grasshopper”. Somos los lectores quienes juntamos las piezas y colaboramos activamente en la generación de sentido. Somos nosotros quienes saltamos por el texto. Somos nosotros los saltamontes. Este texto cobra existencia en el acto de su lectura. El movimiento genera legibilidad. Sin él, no tendríamos más que unas cuantas letras y signos gráficos distribuidos en el papel. Es el acto performativo de la lectura lo que activa el texto.

   Si ya con trabajos como el de cummings resulta evidente la preocupación de explorar el uso de movimiento en la literatura, a través de la videopoesía y la literatura electrónica, el movimiento se ha convertido en un elemento completamente asimilado a las prácticas de lectura y de escritura. Muchos poemas concretos que estaban pensados para sugerir movimiento fueron animados varios años después para moverse realmente. Un buen ejemplo es “5 poemas concretos”, video dirigido por Christian Caselli y subido a youtube el 28 de febrero de 2007, el cual muestra la animación de los poemas concretos "Cinco" (de José Lino Grunewald, 1964), "Velocidade" (de Ronald Azeredo, 1957), "Cidade" (de Augusto de Campos, 1963), "Pêndulo" (de E.M. de Melo e Castro, 1961-1962) y "O Organismo" (de Décio Pignatari, 1960).

Muchos proyectos de poesía animada en video en realidad son reinterpretaciones y remediaciones visuales y/o sonoras de obras en papel. Por ejemplo, Sydney Donaldson ofrece una interpretación visual en movimiento del poema “grasshopper” de cummings. A diferencia del poema en papel, en el que, antes de leer, con un solo golpe de vista vemos todo el texto, en el caso del montaje en video del texto, no tenemos la posibilidad de ver el texto completo y luego ir saltando por cada una de sus partes para leerlo, sino que los elementos gráficos van apareciendo en la pantalla poco a poco, al ritmo que Donaldson decidió para la lectura. Aquí, leemos mediados por la lectura de Donaldson, quien, además, se toma algunas libertades en la reinterpretación del texto y, por ejemplo, decide repetir ciertas palabras para enfatizar algunos efectos visuales y elige el color verde para el texto, un guiño por demás obvio al tema del poema. Otro elemento que indiscutiblemente condiciona nuestra percepción de este montaje en video es la música elegida, que nos hace ver-leer de cierta manera e impone un ritmo perceptivo. Al final del video, la repetición de la palabra “grasshopper”, que va generando una saturación visual hasta que el texto, repetido y sobrepuesto se vuelve ilegible, es una decisión creativa de Donaldson. Como puede verse, las experiencias de lectura son muy distintas. En el caso del video, tenemos movimiento real, literal, explícito, es decir, las palabras se mueven frente a nosotros en la pantalla. No somos nosotros quienes nos movemos al leer. El poema original de cummings, a pesar de estar inscrito en la inamovible superficie del papel, implica un movimiento mucho más radical. Las palabras están estáticas, pero nos obligan a movernos para leerlas, a volvernos saltamontes.  

Como decía líneas antes, la literatura electrónica ha hecho posible que el movimiento sea un elemento medular de las piezas, generando una nueva noción de textualidad dinámica que tiene mucho que ofrecer como experiencia lectora y estética. Quise comenzar con este ejemplo para enfatizar la herencia y filiación de la literatura electrónica con experimentaciones cinéticas que vienen del papel y que sin la lógica de las vanguardias y postvanguardias hubiera sido impensable, aun con la presencia de las tecnologías informáticas de la palabra, las cuales han generado una verdadera estética contra lo estático.

 

Still Standing, de Bruno Nadeau y Jason Lewis, según la descripción que se encuentra en la página del segundo volumen de la Electronic Literature Collection, es una instalación interactiva, mostrada por primera vez en 2005 en Dinamarca, la cual invita a los participantes a emplear su cuerpo como dispositivo de lectura al pararse, inmóviles, frente a una pantalla en la que las letras de un poema titulado “Seeking Sedation” van tomando la forma de la silueta de quien interactúa con la obra. Cuando el participante camina frente a la proyección, la reacción de las letras es moverse como si las estuvieran pateando, pero, en cuanto el lector-perceptor se queda quieto, el texto se mueve, toma la forma de la persona y se vuelve legible. Cuando el usuario da por terminada la interacción, las letras vuelven a caer en el piso en espera de que llegue un nuevo participante.

 

A diferencia del poema “grasshopper” en el que el movimiento implica legibilidad, en esta pieza, es el estatismo lo que hace que el texto sea legible. Sin embargo, así como en el caso del poema de cummings nosotros nos convertimos en el saltamontes, vinculándonos estrechamente con el texto y formando parte de él, en esta pieza también es necesario vincularse íntimamente, pues el texto toma la forma de la silueta del lector-perceptor, convirtiéndose así en una especie de sombra textual, de espejo de letras de nuestra figura.

El título de la pieza, “Still Standing”, tiene una doble lectura. Por un lado, “still” puede entenderse como un adverbio, es decir, “seguir de pie, estar todavía de pie”, o bien, como un adjetivo, “estar de pie quieto, inmóvil”. La experiencia lectora y estética de esta pieza está totalmente ligada al movimiento. De hecho, el poema no existe, no cobra forma, si no hay una persona que se mueva y lo perciba. Mientras no haya alguien que interactúe con las letras, éstas se encuentran amontonadas en el suelo, amorfas. Cuando un lector-perceptor se acerca a esta lúdica pieza y empieza a interactuar con la instalación, las letras reaccionan ante el movimiento moviéndose también; es en la exploración de su propio movimiento corporal como la persona se da cuenta del funcionamiento de la pieza y de que, al quedarse quieta, el texto se acomoda para formar su silueta y ser legible hasta cuando decida moverse de nuevo, con lo cual el texto se volverá a desarticular.  

Como en muchas piezas de literatura electrónica contemporánea, el sentido de la pieza se encuentra en el intersticio, en el gozne, en la retórica de lo intermedio. La pieza no está en la pantalla ni en el cuerpo, sino en la vinculación de ambos, en la relación cuerpo-máquina, en la evidente declaración de coparticipación entre cuerpo y texto.

En Still Standing el movimiento es el procedimiento medular de la pieza, pero también es su tema central. Movimiento y estatismo como ejes de la lectura. A fin de cuentas leer ha sido siempre un acto de avanzar y parar, de avanzar y retroceder, en suma, de movimiento. No obstante, la literatura electrónica, al permitir múltiples navegaciones multidireccionales mediante sus propuestas de textualidad dinámica, radicaliza las posibilidades del movimiento y genera nuevas experiencias de lectura, por una parte, y, por otra, múltiples reflexiones sobre qué es un texto y cuáles son las funciones de la escritura a la luz de estos nuevos procedimientos y mecanismos de expresión y de inscripción cinéticos, lúdicos, interactivos, híbridos.

María Andrea Giovine

Doctora en Letras

Actualmente trabaja en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM.