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Bestiario de bots

Un acercamiento a las poéticas de la escritura automática

Por Centro de Cultura Digital /

31 ago 2017

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Genealogía de papel

El uso de máquinas en la vida cotidiana implica una forma de operarlas, describir su morfología, así como jerarquizar los pasos para hacer posible su uso. La llegada de las máquinas a la vida cotidiana fue algo definitorio en el siglo XX, tanto que se convirtieron en un espacio de exploración para el arte. Dentro de la literatura, la influencia de las máquinas llevó a la inclusión de nuevos métodos en la escritura. Como ejemplos tenemos el instructivo de Hugo Ball para generar poemas dadaístas, a la par del amplio conjunto de procedimientos (manuales de uso, loterías lexicales, fábricas de postales, nociones matemáticas, etc) socorridos por el Oulipo (acrónimo en francés para ‘Taller de Literatura Potencial’) hasta las estrategias oblicuas de Brian Eno.

La escritura automatizada o la máquina capaz de escribir por sí sola ha sido una reflexión teórica y poética que se ha podido materializar a través de diversos dispositivos y procedimientos de combinatoria. En el siglo XIX, el inglés John Clark creó una máquina mecánica llamada Máquina Eureka que producía hexámetros latinos de forma aleatoria, a partir de un ensayo del siglo XVII de John Peter llamado "Artificial Versifying, A New Way to Make Latin Verses" en el que identificaba cómo se pueden hacer versos combinatorios en latín a partir de las necesidades métricas del hexámetro. Así como Clark exploró los límites del hexámetro, el francés y miembro del OULIPO Raymond Queneau tomó el soneto como punto de partida para su obra Cent Mille Milliards de Poèmes, un compendio de diez sonetos cuya disposición material da al lector la libertad de generar hasta cien mil millones de poemas distintos, tal como se anuncia desde el título. Las páginas del libro están segmentadas horizontalmente de modo que cada uno de los catorce versos de los diez sonetos funciona como un fragmento de hoja batiente. En el texto de 100 000 000 000 000 de poèmes. Mode d’emploi (100 000 000 000 000 de poemas. Manual de uso) Queneau expuso en tres reglas el modo de funcionamiento de este libro-máquina para fabricar poemas. Definió la métrica, la temática y la estructura gramatical, de modo que en cada combinación posible la rima, la coherencia y la concordancia gramatical estuvieran garantizadas. También calculó que, al tardar cuarenta y cinco segundos para leer un soneto y quince segundos para reordenar cada poema, leyendo veinticuatro horas al día y los trescientos sesenta y cinco días del año, tardaríamos más de ciento noventa millones de años para leer todas las combinaciones posibles. Marcel Bénabou fue otro miembro del OULIPO que concibió una máquina para fabricar aforismos compuesta por dos partes: una gramática, que se conformaba de una cantidad determinada de fórmulas utilizadas en los aforismos y un léxico, integrado por pares de antónimos, falsos sinónimos, palabras fonéticamente próximas y otras agrupadas a partir de su uso. En su texto Un aphorisme peut en cacher un autre (Un aforismo puede esconder otro), Bénabou explicó que, debido a la rigidez de su estructura sintáctica, las fórmulas aforísticas se prestan a las inversiones, permutaciones y sustituciones. Los preceptos aforísticos de Bénabou dieron lugar a un programa computacional capaz de generar una docena de aforismos en pocos segundos. El programa fue desarrollado por Paul Braffort, un matemático y filósofo versado en el funcionamiento de las computadoras que trabajó de la mano de otros integrantes del OULIPO.

Cent Mille Milliards de Poèmes obra de Raymond Queneau

Tanto Bénabou, como Queneau y Clark basaron sus experimentaciones textuales en formas tradicionales de escritura y poesía: el aforismo, el hexámetro y el soneto, en una búsqueda por rebasar las posibilidades que éstas ofrecen. Existen muchas otras exploraciones textuales basadas en estructuras tradicionales o en la manipulación de textos preexistentes. Es desde la restricción de las formas y los géneros literarios, que surgen las posibilidades de transgredir, transformar, mezclar, jugar y reinventar la tradición. Los Twitterbots o bots de Twitter extienden el sueño de estos y otros autores como Lionel Kearns, quien concibió en su Poema cinético una máquina que escribe por sí sola sin el artilugio de un poeta en su interior.

Los ejemplos anteriores y los que presentamos a continuación comparten rasgos y características del arte y la literatura heredados del siglo XX: la función no pasiva del lector (o lectoespectador, como lo llama Vicente Luis Mora), experimentaciones con la página y otras tecnologías de socialización, el juego, las autorías colectivas, la existencia de comunidades de creadores en diálogo constante y con una actitud a favor de compartir sus métodos de creación, etc. Twitter representa un laboratorio que propicia ejercicios de escritura a partir de sus restricciones de publicación (ciento cuarenta caracteres, incluir cuatro imágenes, un video o una imagen en movimiento GIF). En Twitter la práctica de la experimentación textual se puede dividir en dos grandes grupos: proyectos escritos por humanos y proyectos ejecutados por máquinas o bots. Se podría decir que los elementos primarios de los bots que escriben son el código, la base de datos a partir de la cual realizan combinaciones y el entorno computacional que permite que el bot ejecute el código y despliegue los resultados que está programado para realizar. En el caso de la máquina de aforismos, el entorno fue dado por Braffort como una manera de completar el proyecto de Bénabou.

Twitter es una plataforma que los usuarios han utilizado para socializar diversos proyectos de escritura. Desde mayo del 2015, en la cuenta @remixtheory, Joel Katelnikoff comparte los resultados de un proyecto titulado Inhabitations: A Recombinant Theory Project. En una búsqueda por producir posibilidades radicales de significación, selecciona fragmentos de textos críticos de autores relacionados con el lenguaje y la escritura conceptual. Los fragmentos son impresos en hojas de papel que luego son cortadas por la mitad, los trozos de papel funcionan como materia para combinar y yuxtaponer las palabras de otros para obtener nuevas frases o ideas que no son necesariamente declaraciones de ninguno de los autores, sino posibles combinaciones del texto original. El método de combinatoria que emplea Katelnikoff está inspirado en las técnicas de collage la poeta canadiense Erín Moure, expuestos en su libro Search Procedures. Actualmente el autor remixeado en la cuenta es Slavoj Žižek, entre los anteriores están Charles Bernstein, Steve McCaffery y Johanna Drucker. Los resultados de este proyecto componen ensayos cuyo proceso se socializa paulatinamente en Twitter, su lectura tiene el mismo efecto que nos generan los bots debido a que los procedimientos de combinación que Katelnikoff emplea son muy parecidos a los que están detrás de un bot generador de textos.

A diferencia de @remixtheory, que es una obra de una persona reconfigurando una serie de textos, los bots en Twitter funcionan de manera muy similar, pero al ser automatizados pueden llevar a cabo estrategias bastante ambiciosas en mucho menos tiempo. Por ejemplo, Guardian haiku (@guardianhaiku), fue un bot que buscaba haikus en notas del periódico británico The Guardian, a partir de la métrica propia del inglés y de la estructura tradicional métrica del haiku. Por su parte, la cuenta @pentametron busca tuits que sean pentámetros, un verso clásico de la poesía occidental compuesto de jambos. Ambos bots funcionan a partir de un texto preexistente y la única intervención que realizan con el texto es ubicar segmentos que correspondan a la métrica explorada.

 

¿De qué bestias hablamos cuando hablamos de bots?

A lo largo de los últimos cinco años el tráfico y la actividad de internet ha sido dominada por aplicaciones de software que realizan acciones automatizadas, simples y repetitivas, llamadas bots. El origen de la palabra bot es un diminutivo de la palabra robot, cuya etimología proviene de la palabra checa robota que significa ‘trabajo’, ‘servidumbre’ o ‘trabajo forzado’. La palabra fue acuñada por Karel Čapek quien en su obra R.U.R. (Robots Universales Rossum) de 1921, introdujo la palabra robot para referirse a ciertos personajes cuyo fin era aligerar la carga de trabajo de los humanos.

Los bots suelen llevar a cabo acciones en casi todas las páginas de internet: verifican si son funcionales o permanecen en línea, transfieren datos entre redes sociales, enlazan aplicaciones móviles con aplicaciones de web, buscan información personal para propiciar el funcionamiento personalizado de los buscadores, transfieren datos encriptados en transacciones económicas, publican la hora, la temperatura, las aperturas y los cierres de las bolsas bursátiles. En pocas palabras, ejecutan una gran variedad de acciones que requerirían una fuerza laboral humana que hoy en día es sustituida por bots. De la misma manera en que estas aplicaciones de software contribuyen al funcionamiento de internet, existen bots que buscan deficiencias de seguridad en las páginas para robar datos personales, se hacen pasar por otras identidades para sobrepasar los mecanismos de seguridad (para lo cual se desarrollaron los captchas como el famoso “comprueba que no eres un robot”). También hay bots que escarban a partir de ingeniería inversa para extraer datos de manera no autorizada, llenar bandejas de entrada de correos o propagar comentarios en redes sociales que denominamos spam.

Los bots no se autogeneran en el universo de internet, están programados por humanos que comparten sus proyectos en alguna plataforma y dejan de ejercer control sobre los resultados que se arrojan. Esto nos habla de una especie de autoría ciborg: los humanos delimitan los parámetros de acción en el código y eligen la base de datos —de donde el bot consigue su andamiaje de lenguaje natural— y el bot, ya instalado en la red social, ejecuta el código que lo hará llevar a cabo la escritura automática. La autoría ciborg y el automatismo despiertan inquietudes sobre los límites del lenguaje y nuestras formas de ejercer y pensar la escritura. El rasgo ciborg no aplica sólo a la figura autoral, sino también en la recepción. El lector accede a los textos generados por bots a través de dispositivos conectados a internet.

Según los intereses y formaciones de quienes se han dedicado a definir y clasificar los bots, existen distintas categorías posibles. Las más generales los dividen según su función comercial o no comercial entre spambots (aquellos que publicitan distintos bienes y servicios según las preferencias de los usuarios), socialbots (responden o sustituyen a un community manager, por ejemplo aquellos que socializan el contenido de los medios informativos o de entretenimiento) y cultural bots (bots bots culturales desarrollados con motivos artísticos o exploratorios). Los bots culturales no tienen una intención u objetivo útil, sino que proponen exploraciones sobre el funcionamiento mismo de las redes sociales y de internet. Los bots creativos, a diferencia de los spambots, concebidos como anzuelos de publicidad, mezclan y/o yuxtaponen textos, imágenes o emojis provenientes de distintas bases de datos con intenciones poéticas o exploratorias. A la vez que nos hacen pensar cómo es que funciona el lenguaje humano y despiertan reflexiones complejas sobre la comunicación mediada e influenciada por las computadoras.

El uso de Twitter como entorno propicio para la proliferación de los bots se debe a las características técnicas de la plataforma: creada con librerías de lenguaje de programación de código abierto y cuya API (siglas en inglés para Interfaz de programación de aplicaciones) permite automatizar las publicaciones, a diferencia de otras plataformas de redes sociales como Instagram que no lo permiten.

En Twitter, los bots funcionan automáticamente publicando en tiempo real según periodos determinados o en respuesta a condiciones específicas. Por ejemplo, tuitean o responden cuando los usuarios mencionan dicha cuenta, alguna palabra o conjunto de palabras previamente determinadas. Alrededor de estos bots se ha formado una comunidad de  creadores y desarrolladores que llevan a cabo ideas personales o colectivas para generar bots por el simple hecho de poder y querer hacerlo. Comparten códigos y conocimientos técnicos para desarrollarlos, mucho de lo que hacen se pueden identificar en Twitter por el hashtag #botally.

 

Pequeño bestiario de bots en Twitter

Dentro de la variedad de bestias que encontramos entre la fauna de Twitter, podemos encontrar esas especies salvajes llamadas bots artísticos, muchos de ellos visibilizan procedimientos automáticos llevados a cabo por aplicaciones como los bots de monitoreo. Es el caso de @SpaceJamCheck que se cerciora de que la página web de la película Space Jam siga accesible al público, algo curioso es que esta página no ha sido actualizada ni modificada desde 1996, año en el que se creó. Esta cuenta visibiliza procesos cotidianos y constantes, dejándonos ver cómo funcionan los bots en internet. El bot de la cuenta @dronesweetie tuitea los resultados que genera una inteligencia artificial entrenada para ver imágenes, al tuitear descripciones de imágenes tomadas por drones en lenguaje escrito nos permite acercarnos a la manera con la que la inteligencia artificial configura el mundo y hace explícitos los procesos que la entrenan.

También se pueden utilizar bots en Twitter para transparentar acciones invisibles de los mecanismos de poder como @congressedits que anuncia cada modificación de artículos en Wikipedia realizada desde alguna de las oficinas de las cámaras de representantes y el congreso de los Estados Unidos.

El tiempo de vida de los bots varía según la función que desempeñan, algunos parecieran no tener fin, en cambio otros están sujetos al inventario de las variables que los alimentan. También se reúnen en pequeños conjuntos temáticos e incluso comparten procedimientos. Uno de los bots más comunes es aquel que funciona a partir de un diccionario. Así sucede con @porcadapalabra, desarrollada por Rael Albert (@ralbrt) es una cuenta que tuitea cada palabra del diccionario español, rasgo que lo condena a estar activo hasta el 2019. Rael Albert también ha desarrollado bots de cada palabra de los diccionarios de lenguas propias de México como @diidxayooxho que tuitea cada palabra del Diccionario zapoteco del istmo, compilado por Velma Pickett y colaboradores, y @tlatolpapazolli que tuitea cada palabra del Gran diccionario Náhuatl publicado por la UNAM. Esta idea también se llevó a cabo con el diccionario inglés en la cuenta @everyword del 2007 al 2014, echada a andar por Allison Parrish (@aparrish).

@porcadapalabra no se detiene ahí, tiene una pandilla de bots ligados a sus tuits. Cuando @porcadapalabra tuitea, una serie de bots responde en cadena: @porcadadiagrama genera diagramas circulares con las letras de las palabras de @porcadapalabra, de este diagrama se desprende una actualización sonora en @porcadasonido convirtiendo “los ángulos de cada letra en sonido”. A su vez, @porcadapalabra estimula un algoritmo que busca imágenes en Google Search Image, el primer resultado es publicado en @porcadaimagen. Finalmente,  @porcadalugar publica una imagen de algún lugar de Google Street View. Los resultados que genera esta familia de bots disloca el uso cotidiano de las herramientas de búsqueda, arrojando combinaciones inesperadas.

Las diferentes cuentas que @porcadapalabra tiene enlazadas

En Twitter es posible detenernos a observar una cúpula de constelaciones de bots que orbita alrededor del espacio exterior, viajes intergalácticos, buscando alejarnos de la búsqueda de un significado coherente que articule nuestras vidas. @spacetravelbot del usuario @hologramvin apela a los tuiteros con pequeños textos en segunda persona que sugieren circunstancias de un viaje en el espacio, el lector se convierte así en un viajero que tiene que tomar acciones para seguir con vida. @newstarsbot, también de @hologramvin, crea constelaciones compuestas por diferentes estrellas no mapeadas en el universo conocido y describe cómo se alinean sus vértices, qué formas toman y cuándo y dónde es visible la constelación. Hay otros bots que usan bases de datos de imágenes digitales, como @the_ephemerides de  @aparrish que a partir de imágenes de la librería OPUS de la NASA postea poemas cortos generados por algoritmos acompañando a las imágenes del repositorio espacial. Y @AndromedaBot de @joemfox que va cortando los mil quinientos millones de pixeles que el telescopio espacial Hubble tomó de la galaxia M31, mejor conocida como Andrómeda. Este bot indica las coordenadas y la cantidad de píxeles recortados de la imagen de Andrómeda, dando así inteligibilidad a algo que de otro modo resulta abrumador.

En respuesta a la inmediatez y la saturación de la vida en línea, existe un bot que invita a los tuiteros a hacerse conscientes de lo que pasa en su entorno desde una dimensión sonora. Programado por David Lublin @TheSoundOfBot es un homenaje a la compositora y acordeonista estadounidense  Pauline Oliveros, quien desarrolló el término de Deep listening (escucha profunda) en 1988, luego de tocar en una cisterna a más de cuatro metros bajo tierra con Stuart Dempster y Panaiotis. En aquella ocasión las características físicas del espacio, donde se genera una reverberación de cuarenta y cinco segundos, obligaron a los participantes a escucharse los unos a los otros profundamente. Esta experiencia dio origen a toda una práctica de escucha y composición musical, plasmada en una serie de partituras de texto en las que Oliveros propuso ejercicios para escuchar con el oído, el cuerpo y la mente. Este bot construye indicaciones simples que provienen de un banco de palabras que se va actualizando con la práctica de escucha profunda de su programador. @TheSoundOfBot funciona como un oasis meditativo dentro de la línea del tiempo del usuario, saturada de información coyuntural, imágenes y discursos de terceros. Con frases tan ambiguas como “Making the sound of volume changes” (hacer el sonido del cambio de volumen), esta activación sugiere las infinitas posibilidades de la escucha.

@unchartedatlas del usuario @mewo2 cumple varios de los sueños de la ficción del siglo XX, genera mapas de territorios nunca antes conocidos a través de algoritmos en un código de JavaScript. Este código (disponible en github) genera las costas, montañas, llanuras, valles, ríos e incluso las ciudades de cada mapa, otorgándoles nombres a partir de otro código algorítmico. Este bot no presenta más texto, que los nombres de las ciudades y las zonas geográficas. Pero la creación de mapas nunca antes pensados da la posibilidad de generar ficciones de cada uno de ellos. Recordando cuentos como “Del rigor de la ciencia” en El Hacedor de Jorge Luis Borges donde una civilización se vanagloria de sus cartógrafos al punto que desean crear un mapa idéntico al territorio, tan semejante que llegado el punto, pasa a ser el territorio mismo.

Algunos bots son activaciones de obras literarias, incluso se habla de los Twitterbots como un género literario propio de la literatura electrónica. Es el caso de @crossddestinies basado en la novela El castillo de los destinos cruzados de Italo Calvino, quien también fuera, en algún momento, miembro del OULIPO. La novela de Calvino está basada en el cruce de varias tiradas de tarot, los personajes de la novela están reunidos en una taverna y no tienen un lenguaje vocal, con lo único que cuentan es con un mazo de cartas para comunicarse entre sí. Este ejercicio de narrativa visual de Calvino alcanza una sólida salida en una plataforma como Twitter. Cada hora, el bot lanza una de las frases del libro con tres imágenes cruzadas, este sistema de adivinación basado en una narrativa visual, hace de la lectura de cartas uno de los género literario de la literatura electrónica más explorados.

El bot @Poesia_es_Bot realizado por Horacio Warpola y con la ayuda del Programa de Sistemas Digitales​ del Instituto Tecnológico de Querétaro, utiliza una serie de textos preseleccionado por el autor y un algoritmo que va escogiendo frases que completen la secuencia de “La poesía es ...” Con este ejercicio Horacio Warpola nos recuerda la imposibilidad de definir la subjetividad de la poesía, usando un bot que va creando estas definiciones, a veces muy certeras, a veces muy dislocadas.

Elika Ortega @elikaortega tiene dos bots sobre Ulises Carrión, @botcarrion que usa El nuevo arte de hacer libros (1975) y @UC_Poesias_Bot que utiliza la colección de Poesías (1972), como hipertexto. Con estos bots, Ortega busca remediar o poner en práctica y en otro contexto la permutabilidad propuesta por Carrión como base para la producción automatizada de tuits. Programados a partir de Tracery, el @BotCarrion usa el refrán: In the new art…, o In the old art… que actúa como un interruptor on y off al inicio de cada tuit, después los elementos que Carrión redefine en su texto —libro, lectura, lenguaje, página, plagio, etc.; para seguir con cuatro instancias del verbo to be— is/is not, may be/may not be; y finalmente los comentarios calificativos o aclaratorios que Carrión frecuentemente utilizaba. La estructura o modelo resultante es: “In the new/old art + elemento + to be + definición + comentario”.

@botliterario1 programado por Enrique García Alcalá se basa en un proceso probabilístico llamado cadena de Markov que permite generar una gramática y una sintaxis por medio de un texto preestablecido con el cual se originan nuevas frases buscando imitar el estilo del autor analizado. Este bot fue creado para la exposición Máquinas de Escritura que estuvo abierta al público durante el mes de junio hasta agosto de 2017 en las instalaciones del Centro de Cultura Digital. El algoritmo ha sido entrenado con diversos libros de autoras mexicanas: El libro vacío de Josefina Vicens, Cartucho de Nellie Campobello, Las vírgenes terrestres de Enriqueta Ochoa y Balún Canán de Rosario Castellanos. Durante la exposición cada dos semanas un nuevo texto nutrió al bot, lo cual lo llevó a cambiar el tono de las frases construidas. El bot funciona por sí mismo, tuiteando cada hora, y responde al usuario que lo arrobe con un nuevo tuit.

La gran variedad de bots que se presentan en la plataforma Twitter nos deja en claro que compartimos el espacio virtual con una gran variedad de especies capaces de escribir automáticamente. Los cuales presentan tantas diversidad que clasificar y documentar la diferentes variedades de bots resulta una labor cercana a la taxonomía. Quizá en el futuro, en internet habite una bestia botánica cuya labor sea la de identificar y clasificar a los suyos.

 



 

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